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9-11 September 11th 2001

El ser humano es una criatura sorprendente, con gran potencial. Como decía Jor-El (en la voz del gran Marlon Brando), podemos llegar muy lejos, sólo nos hace falta alguien que nos muestre el camino. Dentro del infinito potencial que tenemos como especie, uno de los ejemplos más conmovedores es la capacidad solidaria que tenemos. No todos, no todo el tiempo, pero a veces, cuando la cosa se pone realmente dura, ponemos de nosotros mismos y salimos en ayuda de quienes lo necesitan. O, cuando el necesitado es uno, la gente saldrá en su auxilio. No todos, no todo el tiempo, pero así ocurre.

Hace un par de semanas tuvimos una demostración práctica de esta capacidad en Chile. Apenas siete días después de que cerca del 80% de la población del país enfrentara un terremoto que llegó a los 8,8 grados de la escala Richter, la sociedad chilena en su conjunto aportó en una teletón de emergencia que tenía por objetivo reunir quince mil millones de pesos chilenos (unos treinta millones de dólares americanos al cambio vigente). El objetivo se logro por tres: el monto final recaudado ascendió a cuarenta y cinco mil millones de pesos chilenos, unos noventa millones de dólares al cambio. En términos simples, quiere decir que cada uno de los dieciséis millones de personas que vivimos en este país, independientemente de nuestra edad, capacidad económica, o de si fuimos o no víctimas directas del terremoto, puso casi seis dólares para ir en ayuda del país. Para que se hagan una idea: si en la teletón que hicieron los norteamericanos para apoyar a los afectados por el huracán Katrina hubieran aportado de la misma forma, habrían reunido sobre mil quinientos millones de dólares. Y no vamos a comparar el nivel de ingreso de los norteamericanos con el nivel de ingresos de un país sudamericano en vías de desarrollo como el nuestro. Por lo mismo, nos preciamos de ser un país con una solidaridad fuera de serie. Y este esfuerzo, esta capacidad, se convirtió en una inyección de ánimo para nuestra sociedad, en una convicción de que dejaríamos atrás los daños y nos levantaríamos de nuevo. Eso es lo que hace la solidaridad.

Claro que ésta virtud no es exclusiva nuestra. Así como tampoco tenemos la exclusividad en catástrofes naturales o de las otras. En un ya muy lejano 11 de septiembre del año 2001, los norteamericanos fueron afectadas por una catástrofe del peor tipo: una de esas causadas por el mismísimo ser humano. Un grupo de fanáticos irracionales, un plan que abusó del relajo en la seguridad aérea, y dos edificios, símbolos para el mundo, en el suelo. Y, sobretodo, muchísimos muertos inocentes. Y un esfuerzo de todo el mundo por aportar, de un modo u otro, a las familias de los muertos. El mundo del cómic en general no se quedó fuera de esta iniciativa, y DC Comics en particular también acudió al llamado, editando un volumen especial titulado 9-11, September 11th 2001. Las ganancias de este libro fueron donadas a distintas iniciativas que apoyaban a las víctimas y sus familias. Pero como decía más atrás, el apoyo económico no es lo más importante en estas situaciones, sino cómo estas manifestaciones sirven para curar el alma herida de un país.

Como puede sospecharse, éste libro no es exclusivamte de Superman. Por sus páginas desfilan distintos personajes de la editorial, pero para efectos de esta revisión sólo mencionaré la participación del azuloso en el mismo.

La cubierta del volumen, que puede ver en la imagen que acompaña estas palabras, lo dice todo, cortesía del maestro Alex Ross quien retrata al último hijo de Krypton de una manera que muestra el cambio de paradigma que tuvo lugar por esos días: los héroes eran la gente real, los médicos, los bomberos, los policías.

Superman protagoniza una historia corta de dos páginas titulada Unreal (escrita por Steven T. Seagle y con arte de Duncan Rouleau Aaron Sowd), en la que toma triste conciencia de no ser sino un personaje de cómic books. Claro que para su consuelo, en el mundo real existen héroes de verdad, como los bomberos.

La imagen del azuloso vuelve a aparecer como un tatuaje en el brazo de un bombero, en una ilustración del prócer Richard Corben.

Del mismo modo, Dave Gibbons muestra a Superan armando torres de bloques con tres niños.

Tim Sale también se hace parte, en una secuencia sin palabras, de una página, en la que un niño, vestido con una polera de Superman, entra en una cabina telefónica para cambiarse y salir vistiendo una de los Bomberos de New York.

Krypto, el perro mascota del hombre del mañana, les trae se plato gigante con agua a los esforzados canes de la cruz roja (cortesía del team Jeph LoebCarlos Pacheco Jesús Merino), en tres páginas tituladas como la canción de los Beatles A Hard Day’s Night.

John Lucas muestra a las tres figuras principales de la editorial, sobre un globo, cosiendo un tapete con banderas de ditintos países del mundo, buscando mostrar un espíritu de unidad.

Hay, también, trabajos más introspectivos, como For Art’s Sake (escrito por Brian K. Vaughn, con arte de Pete Woods Keith Champagne). Padre e hijo, dibujantes de cómics, discuten sobre cómo continuar haciendo lo que hacen, historia de cinco páginas que comienza con un boceto inacabado de Superman.

Eddie Berganza Kile Baker la hacen cortísima, con una página titulada The Call: dos adolescentes, vestidos con poleras de Superman Wonder Woman, parten corriendo a donar sangre.

Un oso blanco de peluche con una polera del azuloso aporta un momento de calma, dibujado por Christopher Moeller.

El gigante artista trasandino Ariel Olivetti (grandes los hermanos argentinos!) aporta con una magnífica ilustración de Superman volando con un águila posada en su brazo, con la bandera de los USAdetrás.

Dan Jurguens escribe, y Alan DavisRobin RiggsMike Collins Mark Farmer dibujan una historia de cuatro páginas titulada If Only…, en la que la Liga de la Justicia acude, figurativamente, al rescate de un niño que los dibuja.

Superman también aparece en una ilustración de Steve Leialoha, en la que como una figurita de acción, junto con Wonder Woman, representa la esperanza de un niño para la reconstrucción.

Phil Noto se luce con un dibujo de un Jimmy Olsen, totalmente sorprendido, mirando hacia el cielo, incapaz de disparar su cámara.

Para terminar, la estrella de los ’70 Neal Adams sale con todo su patriotismo en una ilustración en la que Superman tiene la bandera americana en sus manos. A su lado, Uncle Sam se arremanga. Arriba, una leyenda que dice Apoya a la Cruz Roja. Y abajo, una placa que señala de modo amenazante: Primero lo primero. Después, vamos por ustedes.

Este ejemplar de colección es bastante difícil de conseguir por estos días, y –como es obvio- no fue reeditado en otros países, pero es muy recomendable de leer como un ejemplo de solidaridad artística de parte de una de las editoriales de cómics más grandes del mundo.

Notas relacionadas:

    Superman: Strength
    Fanboy
    Legends of the World’s Finest
    Adelantos: Superman #684
    Superman: Peace on Earth
    Superman y Fantastic Four
    Superman & Savage Dragon
    Superman para el 2008

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