Annuals 1993 – Bloodlines
Volviendo a nuestra actual temática de revisar los anuales que formaron parte de Grandes Sagas DC de comienzos de los ’90, esta semana nos detendremos con los publicados en 1993, como parte de Bloodlines de la saga se produjo a través de los distintos anuales, lo que -en cierta medida- obliga a leerlos en un orden predeterminado y, además, aumentó las posibilidades de venta.
Dos detalles a considerar antes de entrar en materia:
- 1. A esas alturas de la historia, Superman no estaba de cuerpo presente en sus revistas mensuales. Estaba “muerto”, y los aspirantes al título ocupaban cada uno un título mensual. Así, John Henry Irons, el Superman afroamericano de la armadura y el martillo, aparecía en Superman: The Man of Steel; el cyborg -cuyo nivel de bajeza era sólo comparable al de su creador, Dan Jurgens- figuraba en Superman; el Erradicador era el protagonista de Action Comics; y, finalmente, Superboy hacía de las suyas en Adventures of Superman. Así, en ninguna de estas revistas aparece Superman propiamente tal.
- 2. Uno de los objetivos de Bloodlines era generar nuevos superhéroes, por lo que en cada una de estas revistas se crea, obligatoriamente, un nuevo personaje con superpoderes. No necesariamente personajes atractivos ni que tendrían larga vida, pero en ese momento todo era una apuesta (la que, a la larga, resultaría un fracaso, excepto para el demencial Hitman del ídolo Garth Ennis y John McRea).
Habiendo realizado las aclaraciones mínimas, podemos entrar en materia.
Todo comienza con el anual 2 de Superman: The Man of Steel, escrito por la habitual Louise Simonson, con lápices de Eddy Newell y tintas de Mike Barreiro (los que, aparentemente, son sobrinos o hijos de personas muy importantes en Time Warner. De otro modo, no se explica que dibujos tan malos sean publicados profesionalmente). Aquí, presenciamos la llegada de seis alienígenas cambiaforma a la Tierra, específicamente -era que no- a las afueras de Metropolis. Estos visitantes, que roban descaradamente elementos de los Aliens de la saga cinematográfica, se comienzan a familiarizar con la especie dominante del planeta a través de un grupo de motoqueros que se convierten en su aperitivo. Obviamente el paso siguiente es la gran ciudad cercana.
En la ciudad, a través de John Henry Irons nos familiarizamos con quien será el nuevo héroe: Tom, un joven huérfano de padre que trabaja duro para ayudar a su madre a mantener a sus hermanos, y que admira al desaparecido Superman. Cuento corto, Tom se topa con una de las aliens, que -literalmente- se lo almuerza, dándolo por muerto. Craso error. Tom despierta al rato, desmemoriado, y convertido en un ser cubierto por escaras afiladas que puede lanzar a voluntad.
Mientras, la policía y el Superman metálico están buscando al responsable de la acumulación de cadáveres en las alcantarillas. Al encontrarlo, se produce el enfrentamiento de rigor, en el que por primera vez el parásito alienígena encuentra algo de resistencia. El encuentro termina en tablas.
El equilibrio se rompe una vez que Irons encuentra al nuevo -y enchulado- Tom. Juntos, y para salvar al hermanito de este último de ser devorado, derrotan al invasor, forzándolo a huir. Tom recibe su nombre de combate, Edge, y todo termina. Al menos por el momento.
La historia, empero, continúa en el anual 5 de Superman, escrito por el titular Dan Jurgens, con lápices de David Lapham y tintas de Mike Machlan (los que se esfuerzan duramente por llevar el arte a un nivel incluso más bajo que el del anual de Man of Steel).
Varias semanas atrás, en un relleno sanitario administrado por LexCorp, al que llega, dentro de un camión -y sin que nadie se dé cuenta- el cadáver de una mujer.
Luego de este flashback, aparece el Cyborg, quien está “ayudando” a la policía a determinar el origen de los cadáveres de las alcantarillas, operación en la que vemos que los agentes de Metropolis no reciben de buena gana su cooperación. Muy por el contrario, son abiertamente hostiles.
Volvemos al basurero, donde -por razones que nadie explica- llegan dos de los aliens cambiaforma. Rápidamente despachan al vigilante del lugar, pero uno de ellos detecta el olor de otro humano, alimentándose del fluido espinal del cadáver arrojado al basurero tiempo atrás. Como resultado del proceso, la muerta revive. La muerta, a todo esto, no es otra que Sasha, instructora de artes marciales asesinada personalmente por Luthor durante la saga del Funeral de Superman.
El superpoder de Sasha, que ahora va con el nombre de Myriad, es absorber los rasgos y habilidades de las personas que toca (cualquier parecido con la X-Men Rogue sólo indica que Jurgens, como siempre, está tratando de ganarse fácilmente los dólares).
El resto de la revista va de enfrentamientos retóricos entre la policía, el cyborg, y Luthor. Este último es quien descubre, horrorizado, la vuelta a la vida de Sasha y, temiendo lo peor, trata de eliminarla a toda costa, enviando una experta asesina a matarla. Obviamente Myriad no sólo no termina muerta sino que -por el contrario- finaliza la historia con las habilidades de su ejecutora.
El tercer anual de esta secuencia es el número 5 de Action Comics, escrito por Jeph Loeb (como siempre, un maestro), con lápices de Lee Moder y tintas de Josef Rubinstein, José Marzán Jr. y Terry Beatty.
Un policía, gravemente herido en el cumplimiento del deber, recuerda sus mejores tiempos pasados, mientras ve como el Superman del visor resuelve los problemas de la ciudad. Ensimismado, se topa con una de las aliens cambiaforma, que se le aparece como una mujer espectacular en tenida de playa. Obviamente esto no es más que una trampa, y el agente termina en el suelo luego de ser almorzado por otro de los aliens.
Aún con hambre, la alien se tienta con alimentarse del Superman del visor, encontrándose con que su piel impenetrable no le permite robarle el fluido espinal. Cae derrotada, justo al lado del “cadáver” del policía, el que despierta midiendo más de dos metros y con la piel de un saludable color azul. Verlo el Erradicador y agarrarlo a trompadas son una misma cosa. Tras demasiadas páginas de destrucción innecesaria, el Superman del visor y Loose Cannon (que así se llama ahora el agente) enfrentan y derrotan a un grupo de aliens cambiaforma. En el proceso, Loose Cannon le enseña algo de humanidad al Erradicador. Y todo en una noche porque, al salir el sol, los poderes del nuevo héroe desaparecen y vuelve a ser un agente de policía que requiere muletas para desplazarse.
El último de los anuales es el número 5 de Adventures of Superman, escrito por Karl Kesel y Tom Grummett, con lápices de Ed Hannigan y tintas de Andrew Pepoy.
Acá la acción comienza repasando la batalla de Superman kryptoniano y Loose Cannon con los aliens, y la posterior conversación entre este último y los expertos de S.T.A.R. Labs respecto de los bicharracos. Mientras tanto, los aliens, en su caracterización humana, están en proceso de “arrendar” una bodega en el peor distrito de Metropolis, con el declarado objetivo de instalar un comedor para los pobres hambrientos (literalmente). Claro que “arrendar” es un decir. Una vez que el corredor de propiedades les mostró lo que buscaban, procedieron a almorzárselo.
Mientras tanto, Superboy -el clon- finalmente sale del hospital, en el que estaba producto del esfuerzo de detener el cohete que casi destruye Metropolis durante la saga de los clones, para salir a investigar sobre los misteriosos cadáveres de las alcantarillas, empezando por el bar de Bibbo. Por otra parte, llega a la ciudad una pareja dispareja: una pequeña llamada D.C., acompañada por un gigante barbudo, su tío Harry (el que, al mismo tiempo, puede transformarse en un gran lobo con forma humana).
El comedor de los aliens ya está a punto de comenzar a funcionar, y llega la prensa. Particularmente, la periodista del Metropolis Star, Toby Raynes, quien ve recompensada su dedicación periodística con una oferta para experimentar, de primera mano, el menú de los aliens. A punto de ser engullida, D.C. y Harry aparecen en escena, y este último (en su forma de lobo) logra salvarla, sin poder evitar que D.C. sea, finalmente, tomada por un alien para alimentarse y dejada por muerta. En el último momento aparece Superboy, quien se trenza con el alien en principio, y con todos los aliens en segunda instancia, en su propio territorio.
Mientras los paramédicos tratan de revivir a D.C., ésta se convierte en uno de los nuevos héroes, con poderes eléctricos, llamada Sparx. Rápidamente acude a ayudar a Superboy y juntos salvan el día.
Estos cuatro anuales cumplen con el mínimo objetivo planteado en la macrosaga: presentar nuevos candidatos a héroes del DCU, alineándolos con los supermanes de turno. En definitiva, historias completamente prescindibles, tal como los nuevos super héroes que presentaron. El único aporte que tienen, quizás como complemento a la saga del Retorno de Superman, fue que ayudaron a revelar un poco más de la personalidad de cada uno de los candidatos a ocupar el lugar del azuloso.
Notas relacionadas:




Hubo demasiada paja molida desde “El Reino de los Supermanes” hasta “El Retorno de Supermán”. Creo que se apoyaron en la inercia que provocó el éxito de ventas de la “Muerte de Supermán” para meter todo este relleno, experimentando con esta galería de nuevos personajes, de los que la mayoría, solo recordamos a los 4 émulos de Supes que perduraron en el tiempo, pero del resto… nada.
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ni sabía de la existencia de esta…..
pero a muy simple vista creo que no me perdí de nada
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opino igual que wally…
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Eso no valio la pena
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¿Cómo que no quedó nada? ¿Qué ninguno de ustedes leyó Hitman?
Me extraña…
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[...] de los cuales ye hemos revisado en estas páginas a saber: 1991, Armageddon 2001; 1992, Eclipso; 1993, Bloodlines; 1994, Elseworlds y 1995, Year [...]
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