¿De cuántas maneras se puede contar una misma historia? A mi modo de ver, una de las mayores virtudes del cómic como medio es que permite contar varias veces la misma historia, de distintas maneras. Por supuesto, otros medios también lo permiten: en el cine frecuentemente se hacen remakes de películas, en la música se graban covers de canciones, y así sucesivamente. Pero -dada la naturaleza del cómic- es aquí donde este fenómeno ocurre con más frecuencia, y dónde el resultado generalmente es mejor.
Por poner un ejemplo cercano: el origen de Superman lo hemos visto varias veces, de distintas maneras, y por distintos autores. Así, tenemos el origen que narra Man of Steel, pero también tenemos el origen que nos cuenta Birthright. La misma historia. O casi. De la mano de dos equipos creativos distintos. Lo mismo, pero no igual.
¿A dónde voy con esto? A recordar la historia más vendedora de Superman en los ’90: la saga de la muerte y resurrección. Éxito comercial y social por dónde se le mire, los números en que el azuloso fallece en Metropolis, junto con el consiguiente funeral y el posterior reinado de los superhombres, narraron una saga memorable.
Para el 2003, y coincidiendo con la celebración de los 10 años de la muerte de Superman, DC Comics editó una miniserie de cuatro números volviendo a contar el mismo cuento: Day of Doom. Claro que es el mismo cuento… pero contado de una manera distinta.
¿Cómo así? Recurriendo a un viejo truco empleado por Marvel en la apoteósicamente soberbia Marvels (de Kurt Busiek y Alex Ross): usando la perspectiva de un periodista, Ty Duffy, chico nuevo del Daily Planet (el de los cómics, donde al personal le pagan sueldos y tienen escritorios), quien recibe de parte de Perry White la orden de hacer una nota sobre el décimo aniversario de la muerte del supes.
Sin haber experimentado la muerte de Superman de primera mano, Duffy comienza a recopilar información preguntando por aquí y por allá. Obviamente los primeros en su lista son Clark Kent y Lois Lane. Luego vendrán Blue Beetle y Booster Gold, parte del primer grupo de héroes que confrontó a Doomsday. Y así sucesivamente, más y más preguntas, repasando todo el evento: el enfrentamiento entre Superman y Doomsday (quien, en el recuerdo de la gente, medía unos cinco metros de altura), la muerte del héroe, su funeral, y -finalmente- la aparición de los cuatro candidatos al trono para concluir con el retorno en gloria y majestad del último hijo de Krypton.
De este modo, se logra el objetivo de volver a contar la muerte de Superman de un modo distinto, en una miniserie de cuatro números.
El “guión” y los lápices de esta idea es -era que no- responsabilidad de Dan “lo único que se me ocurrió en la vida fue matar a Superman” Jurgens. Pongo “guión” entre comillas porque, en definitiva, no es una historia nueva. Es la misma vaina de hace diez años, con otro enfoque.
Desde el punto de vista artístico, lo mejor de esta miniserie es el trabajo del entintador. Damas y caballeros, con ustedes Bill Sienkiewicz.
Nacido en 1951, este artista se hizo un nombre en el mundo del cómic en la década de los ’80, de la mano de Frank Miller en las memorables Daredevil: Love and War y Elektra Assassin. En ambos casos, Sienkiewicz echó mano a todo su talento para crear páginas increíbles en un estilo artístico nunca antes visto (y jamás superado). Collage, pintura, grabado, fotografía, todo le sirve para construir una página.
Después de estar en la cúspide del mundo del cómic durante algunos años, Bill se bajó de la cresta de la ola y continuó como ilustrador en otros mercados, retornando ocasionalmente haciendo lápices o sólo entintando.
En el caso que nos atañe, los generalmente pulcros e impolutos lápices de Jurgens ganan en intensidad y estilo (ni comparado con el usual entintado de Bret Breeding). Acá se ven sucios, realistas, mucho más cargados de emoción. Y todo eso es cortesía del bueno de Sienky.
En definitiva, una historia que no aporta nada nuevo a los mitos de Superman, pero que permite al lector entender de buen modo cuál es el rol y el aporte del entintador. Y, por supuesto, familiarizarse con un grande: Bill Sienkiewicz.
Notas relacionadas:




mis respetos a DC Comics y felicito a los escritores que hicieron posible la gran historia de la muerte de superman, solo hay algo que no me gusto y fue esta historia que mencionan, a mi parecer no tuvo ningun sentido, hizo parecer a superman un personaje que no hizo nada al sacrificarse, en lugar de mencionar que fue lo que se gano, por otro lado la historia fue muy sosa el dibujo aunque lo haya hecho un profesional parece que lo hizo un niño de kinder, cual fue el fin? en lugar de celebrar la muerte se vio como algo amargo desesperante y aburrido.
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