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Superman Fuera de DC Comics

Samaritan

En 1995, Kurt Busiek y Alex Ross venían de vuelta de ganar todos los premios con su aclamadísima Marvels (nunca me cansaré de recomendarla, es una joya, una obra maestra, y –lo mejor de todo- no es necesario tener un doctorado en Marvel para disfrutarla), y necesitaban obtener beneficios de su nuevo status de superestrellas en forma rápida y efectiva. Para tal objetivo, nada mejor que inventar un nuevo concepto, similar a Marvels, pero en otra editorial y con otros personajes. Así, rápidamente apareció Astro City, editada por Image y dibujada por Brent Anderson (que además figura como co-creador del cuento), una ciudad plagada de nuevos héroes, con historias contadas desde la óptica del ciudadano “de a pie”, muy, pero que muy similar a Marvels.

En esta nueva ciudad, el principal héroe es Samaritan: un personaje capaz de volar a velocidades hipersónicas, manipular campos de energía, poseedor de una fuerza superhumana, con sentidos aumentados y un par de otras gracias, dentro de las que se incluyen el viaje a través del tiempo. En su identidad civil, como Asa Martin (anagrama de “a samaritan”, un samaritano en inglés) trabaja en la revista Current, no como reportero, sino como revisor de hechos (a idea es que se parezca a Superman, no que sea una copia idéntica), lo que le permite estar todo el día atento a los distintos sucesos en lo que tiene es necesaria la aparición de su alter ego superheróico.

Claro que este Samaritan no viene de otro planeta… o al menos no en el sentido absoluto. Viene desde el siglo XXXV, donde fue elegido para viajar al pasado y evitar una catástrofe cuyas consecuencias destruirían el futuro de la humanidad (no, no viene a proteger a John Connor). El viaje a través del tiempo lo hizo pasar por algo llamado el fuego empíreo, absorbiendo sus poderes y cayendo a su destino en las afueras de Astro City hacia finales de 1985. Tras unos cuantos meses aprendiendo a controlar sus nuevos poderes, cumple con su objetivo, evitando el accidente del transbordador espacial Challenger (1987). Al ser requerido por la prensa tras esta proeza, se identifica simplemente como “un buen samaritano” (cualquier parecido con el “un amigo” que dijo Superman en sus primeras palabras a la prensa en Superman The Movie es simple coincidencia), lo que le da su nombre artístico.

A diferencia del azuloso, eso sí, este héroe no tiene relaciones personales ni en su identidad superheróica ni en su identidad civil: todo el tiempo que tiene lo dedica a detener crímenes y a prevenir accidentes y catástrofes varias. Esta situación hace que la gente de a pie, sus colegas en el trabajo, e incluso otros miembros de la comunidad superheróica, lo identifiquen como un tipo arrogante y con sensación de superioridad, en cualquiera de sus identidades.

Además de estos problemas, Samaritan tiene uno incluso más grave: el éxito de su misión anuló la existencia del futuro del que él viene, por lo que no tiene un hogar al que regresar, y hace que su existencia sea –en definitiva- una paradoja temporal. Es, en definitiva, un paria, un tipo aislado de la sociedad, que la sirve, pero que no obtiene nada a cambio.

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