Para hablar de esta historia imaginaria publicada en 1978 por DC Comics, es imprescindible repasar un poco la biografía de tres innovadores de las décadas del 60 y 70 en los Estados Unidos.

El primero es el señor Dennis O’Neil. Comenzó su carrera en Marvel, escribiendo en títulos
como Dr. Strange, Rawhide Kid y Millie the Model (si, ¡Millie the Model!, lo que nos muestra que incluso los más grandes han pasado por etapas en las que necesitan trabajar para ganarse el pan). Hacia fines de los ’70, fue el editor de Daredevil, justo en la etapa en que Frank Miller estuvo a cargo del título. Además, hay quienes responsabilizan al buen Dennis de bautizar a Optimus Prime.
En paralelo, durante los ’70, escribió varios títulos para DC, siendo el que más prestigio le acarreó Green Lantern/Green Arrow, en que el par de héroes salen a recorrer Estados Unidos dejando en evidencia los problemas sociales que al gringo medio le gusta ignorar, llegando al punto de convertir al ayunte de Green Arrow, Speedy, en un consumidor de drogas (esta obra maestra cuenta con el espectacular arte de Neal Adams, de quien hablaré en un par de párrafos). Nunca antes, en revistas
de las llamadas editoriales grandes, se había hecho referencia dura a los problemas sociales del país del norte. Nunca antes un escritor se había atrevido.
En esa década, también reconvirtió a Batman en un vengador nocturno, recuperando el personaje de la versión camp de los ’60. Y creó a Ra’s Al Ghul.
En los ’80 relanzó The Question, con arte de Dennys Cowan, en una miniserie que terminó extendiéndose por 36 números y que se transformó en un título de culto por sus historias orientadas a un público más exigente. En los ’90 creó a Azrael (bueno, con semejante carrera se le puede perdonar, ¿no?), y se dedicó principalmente a editar los títulos de Batman, siendo el líder en las sombras de sagas de gran éxito comercial como KnightFall, KnightQuest y KnightsEnd.
El segundo innovador de la lista es Neal Adams. Bastaría con decir que Frank Miller se dedicó a los cómics inspirado por Neal Adams. Pero no. Extendámonos un poco más. A comienzos de los ’60, Neal envió muestras de su trabajo a DC Comics, siendo rechazado (oportuno momento para recordar que a The Beatles tampoco los aceptó el primer sello discográfico al que fueron, y que ningún estudio de cine quería financiar a George Lucas y su Star Wars…). Así las cosas, comenzó a trabajar para Archie Comics, y en lastiras de los diarios, primero como asistente y luego a cargo completamente de Ben Casey.
Con esa experiencia en el cuerpo, intentó por segunda vez ingresar a DC Comics. Esta vez no sólo lo aceptaron, sino que además se convirtió en el artista estrella de la compañía dibujando a Deadman y pasó a ser EL portadista por excelencia de DC. Por esos mismos años (fines de los ’60), también dibujó para Marvel, en X-Men y Mighty Thor.
Claro que su mejor trabajo vendría en los ’70, de la mano de Dennis O’Neil, en las ya mencionadas revitalizaciones del caballero oscuro y en las aventuras sociales de los enmascarados esmeralda.
Además, Adams se esforzó por sindicalizar a los artistas y escritores del mercado, buscando políticas más amigables, y apoyando la causa de Jerry Siegel y Joe Shuster para recibir reconocimiento (y compensación económica) de DC por su gran creación, Superman.
(Así las cosas, vayan y gástense unos pesos en las recopilaciones disponibles de La Saga de Ra’s Al Ghul y en Green Lantern/Green Arrow: Hard Traveling Heroes. Luego me dan las gracias.)
El tercero es, quizás, el atleta más grande del siglo XX: Muhammad Ali.
Nacido como Cassius Clay, fue campeón olímpico en los juegos de Roma en 1960, y tuvo una carrera profesional que lo llevó tres veces a ser campeón mundial de peso completo (contra Sonny Liston en febrero de 1964, contra George Foreman en octubre de 1974, y contra Leon Spinks en septiembre de 1978). Un currículo deportivo impresionante. Pero Clay era más que eso. En una categoría en que el estándar es moverse lento y resistir los golpes, Clay se movía rápido, con una agilidad y un juego de piernas atípicos. O, en sus propias palabras, flotaba como una mariposa y picaba como una abeja. Y hablaba. Inteligentemente, en un mundo deportivo generalmente poblado por monosílabos (las cosas a ese respecto no han evolucionado mucho).


Cassius Clay abrazó la Nación del Islam (si, la misma de Malcolm X) a comienzos de los ‘60, la que le dio su nuevo nombre: Muhammad Ali. Por esta razón, cuando fue citado por el ejército en 1966 para ir a la guerra de Vietnam, se rehusó, convirtiéndose en objetor de conciencia. Famosa fue su frase No tengo problemas con el vietcong… ellos nunca me han dicho negro. Remiso, fue despojado de su título de campeón, y demandado por el estado norteamericano. Fue declarado culpable en el juicio respectivo, el que siguió en la corte de apelaciones y en la suprema, la que finalmente anuló la condena en forma unánime.
Ali buscaría recuperar su título en Kinshasa, Zaire, contra el campeón vigente: George Foreman. Claro que esta vez llevaba las de perder. Foreman era un monstruo, un gigante, que había apaleado fácilmente a rivales a los que Ali había apenas doblegado. Y encima Foreman era más joven. Pero… Ali era Ali. Y su gracia no eran sólo sus habilidades físicas: también era un estratega. Y la estrategia que definió para pelearle el título a Foreman resultó. Al octavo round, Ali era nuevamente el campeón del mundo.
¿Qué más? Se dice que su pelea de 1975 con Chuck Wepner inspiró a Stallone para escribir el guión de Rocky. Un monstruo, por dónde se lo mire. Un símbolo del siglo XX.
(Ahora: vayan y arrienden la excelente película del 2001, Ali, en la que un más que creíble Will Smith es dirigido por Michael Mann para encarnar al boxeador, que –según la leyenda- le dijo al actor no eres lo suficientemente buenmozo como para interpretarme).
¿Qué puede resultar de la combinación de estos tres innovadores en un trabajo de ficción involucrando, nada menos, que a Superman?
Ni más ni menos que Superman vs. Muhammad Ali. Publicado como un comic de gran tamaño con una cubierta doble
(la ilustración comenzaba en la tapa y continuaba en la contratapa) en la que aparece una gran cantidad de celebridades, incluyendo al presidente de turno de los USA en ese momento, es señalado por Adams como su mejor trabajo (cabe señalar que en esta oportunidad no sólo dibuja, sino que además co-escribe).

Para darle al proyecto la seriedad que merecía, los autores se entrevistaron con Ali, que –además- era fan del azuloso. El gran desafío era lograr una historia en la que ambos pudieran enfrentarse en términos medianamente parejos. Entra un poco de sol rojo para que Superman pelee sin poderes. Así las cosas, ambos se disputan el honor de ser designado como el campeón de la Tierra para enfrentar, en un ring (y luego dicen que el box no es popular), al campeón de una civilización de invasores alienígenas.
No pudiendo ser de otra manera, la historia logra que tanto Ali como Superman se levanten victoriosos, cada uno cumpliendo su rol a cabalidad, y ganándose –más que merecidamente- el respeto y reconocimiento del otro.
Más que un cómic, esta revista es un documento histórico, un objeto cultural de otro tiempo. De un tiempo de innovadores, de artistas, que se destacaban en lo que hacían, y que lo hacían con clase. De un tiempo de estrellas. De un tiempo en que no bastaba con ganar, sino que había que ser el mejor. En términos absolutos. Sin medias tintas. De un tiempo en que O’Neil y Adams no sólo eran los mejores creadores de cómics, sino que además se la jugaban por poner en el tapete los problemas que les parecían importantes, buscando una sociedad mejor. De un tiempo en que Ali pegaba como un peso completo y se movía como un ligero, y en el que derrotaba a sus adversarios no sólo en el ring, sino también sicológicamente. Claro que esos tiempos tampoco eran perfectos: Nixon, Watergate, golpes militares varios…
Para terminar, los invito a hacer un breve ejercicio: hoy, ¿algún deportista merecería el honor de compartir una revista con Superman?
Notas relacionadas:




He leido este artículo con gran interés y agrado, ya que cuando tenía 12 o 13 años, me enteré por un especial en televisión, de un programa gringo que se llamaba "Detrás de la Escena", de la existencia de este comic, el que nunca he tenido en mis manos, en cuyas viñetas pude apreciar mejor y, tomarle el peso a la calidad del trabajo de algunos dibujantes. >
En esa época no tenía idea quienes eran Neal Adams y Denni O’Neil y, pasaron muchos años antes de que pudiera disfrutar su trabajo en la magnífica "El hijo del demonio".
Creo que de los dibujantes clásicos, el trabajo de Adams es tal vez el que más me llena. El tipo era sensacional, no sé si aún dibuja.
Dennis O’Neil anduvo por acá hace unos años en una convención de comic en la Estación Mapocho. Con un amigo nos cruzamos con él en el evento, mientras una fila de comiqueros lo seguía a 1 metro de distancia, como si el pelado hubiera tenido cola.
Recuerdo que se comentó que O’Neil y otro nombre conocido que anduvo esa vez por acá(olvidé quién era), quedaron encantados con la arquitectura de Santiago y, estaban pensando qué podían hacer para colocar a Batman acá en una novela gráfica, pero nunca supe nada más de eso.
Una lástima que esa historia no prosperara, ¿no creen?.
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Buena reseña, una lástima que no haya planes para reimprimir este comic (siendo que la DC ha reimpreso casi todo lo que hizo Adams).
Lo de escribir “Millie the Model” era algo típico para los escritores nuevos en la Marvel de esa época, también le tocó a gente como Roy Thomas. Era una forma que tenía Stan Lee de probar que los escritores fueran capaces de manejar el estilo Marvel. Después de la Marvel, O’Neil trabajó en la Charlton por unos años, iniciando su relación profesional con el gran Jim Aparo (la cual duraría hasta fines de los 90′s).
Lo de Neal Adams rechazado por la DC a principios de los 60′s no era necesariamente porque encontraran que su trabajo era malo, era simplemente porque en esa época no estaban contratando a nadie nuevo. La industria se había contraido bastante desde la década pasada, y la prioridad de la DC era seguir con los dibujantes veteranos. No había necesidad de contratar dibujantes nuevos en la DC, bastaba con los de siempre (muchos de ellos con gran talento), los cuales podían dibujar por años la misma revista. A fines de los 60′s fue cambiando esta actitud, y fue Adams el que abrió las puertas para que entraran muchos creadores jóvenes a la DC (de paso, la DC aprovechó de despedir a varios de los antiguos sin pagarles ninguna pensión o compensación, pero esa es otra historia).
Mau, también pude ver la charla de O’Neil (junto a Alan Grant) en la estación Mapocho, fue una convención entretenida. Adams sigue dibujando, y aparentemente va a dibujar algunos episodios de “All-Star Batman & Robin” escritos por Frank Miller.
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Entiendo que parte del problema para reimprimirlo, es justamente la portada y los derechos que sería necesario pagarle a las personas que en ella aparecen, entre ellos:
Esto lo saqué de wikipedia… yo no podría reconocer a todos…
“Show-biz personalities”
Kirk Alyn
Lucille Ball
Sonny Bono
Johnny Carson
Cher
Jack Larson
Noel Neill
Tony Orlando
Donnie Osmond
Marie Osmond
Christopher Reeve (in glasses)
Frank Sinatra
Wolfman Jack
Political figures
Jimmy Carter
Rosalyn Carter
Betty Ford
Gerald Ford
Sports figures
Don King
Joe Namath
Literature and the arts
Kurt Vonnegut Jr.
DC staffers and other comic book creators
Neal Adams
Terry Austin
Cary Bates
William Gaines
Jenette Kahn
Gil Kane
Dennis O’Neil
Joe Orlando
Julius Schwartz
Joe Shuster
Jerry Siegel
Bob Wiacek
DC (and Mad magazine) characters
Barry Allen (Flash)
Batman
Hal Jordan (Green Lantern)
Lois Lane
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Podrían reimprimirla con una nueva portada. Si no por el mismo Neil Adams, imagínense una portada dibujada por Alex Ross, emulando los dibujos de Adams. Sería soberbia.
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tengo un ejemplar y me gustaria conocer el valor
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Es en español o inglés el que tienes?
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