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Superman's Pal Jimmy Olsen: The American Evolution!

Como revisamos hace algunas semanas, la revista Legends of the DC Universe  se dedicaba a revisar mensualmente historias perdidas en el pasado de los distintos personajes del Universo DC. Algunos números eran protagonizados por los grandes personajes, mientras que otros -como este- dedicaban espacio a personajes secundarios de larga historia a la vez que rendían tributo a una revista del pasado, en este caso, a Superman’s Pal Jimmy Olsen.

Este título, publicado entre 1954 y 1974, se centraba en las aventuras y desventuras del bueno de Jimmy, quién sufrió diversas transformaciones a lo largo de los 163 números en que se editó. Además, durante su temporada en DC en los ’70, Jack “King” Kirby tomó este título bajo su alero y lo usó para crear entidades y personajes aún vigentes en el universo supermaniaco: el Proyecto Cadmus y Darkseid (también creó a los New Gods y recuperó a la Newsboy Legion y al Guardian).

Merecía, entonces, un homenaje. Y qué mejor que hacerlo de la mano de dos creadores de renombre, ambos relacionados con Kirby: Mark Evanier y Steve Rude.

Evanier (a quien hemos visto como escritor y co-conspirador varias veces en esta sección) comenzó su carrera como ayudante de Kirby, por lo que conoce muy bien y de primera mano el estilo del rey.

Por su parte Steve Rude (a quien también hemos visto acá, en World’s Finest y en Superman-Hulk) es un artista cuyo estilo, desde el principio de su carrera, muestra una gran influencia del rey, con trazos que a veces le rinden tanto homenaje que parece plagio.

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Fanboy

Portada FanBoy

Portada FanBoy

El conjunto de virtudes y valores que Superman representa la ha convertido, desde siempre, en el modelo a imitar por todos y cada uno de los fans comiqueros que se precien de tales. Si bien Batman tiene una claque más vociferante y comprometida, en el fondo todos desearíamos venir de otro planeta y tener poderes (y usarlos como el azuloso), mientras que muy pocos desearían ver asesinados a sus padres a la salida del cine para convertirse en un vengador enmascarado.

 

Superman ha sido y seguirá siendo un paradigma del bien. Un ícono. Un símbolo. Lo vimos después del 11-S, cuando en múltiples tiras editoriales bomberos y policías lucían la S característica en sus uniformes. Lo vimos, también, cuando murió el gran Christopher Reeve, un hombre que fue tocado por el mito y logró convertirse en un héroe por derecho propio más allá de haber representado al supes en la gran pantalla.

Así las cosas, no es sorprendente que en el primer número de la miniserie Fanboy el papel de honor recaiga en el último hijo de Krypton.

Contextualicemos un poco. Fanboy, como su nombre lo indica, es la historia de un fan de cómics. Un nerd, desadaptado social, de nombre Finster, que no calza en ningún grupo de su colegio y se refugia en el mundo de la cuatricromía. Claro que no sólo disfruta de los cómics. También trabaja en ellos, atendiendo una tienda. Una tienda dentro de la cual -era que no- igual abusan de él. Ya sea su jefe, ya sea un grupo de pandilleros que aparecen para “vitrinear” cómics. Ante la amenaza, Finster huye a esconderse. Y quién aparecerá en su escondite, sino Clark Kent, para motivarlo a enfrentar a sus agresores. Y no sólo eso. Además, el viejo Clark se manda una frase como para ponerla en bronce: “Todos somos Clark Kent. Sólo que no todos han descubierto en qué caseta telefónica cambiarse“.

Como en todo cómic que se precie, Superman cae en desgracia y no es otro que Finster el que tiene que -pese a sus dudas- ir más allá de sus capacidades y salvarlo.

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Sergio Aragonés Destroys DC

Antes de comenzar esta reseña, tengo que sincerarme con ustedes.

En primer lugar, me gustan los cómics de humor. Me gusta leer la revista Mad de vez en cuando (incluso tengo un par de antologías, Mad about the Movies y Mad about Super-Heroes), y uno de mis títulos favoritos es la Justice League International de Giffen y DeMatteis (la cual muchas veces ha sido considerada más cercana a una serie de TV humorística que a los cómics).

En segundo lugar, soy fan de Sergio Aragonés. Un bigotón, nacido en España, que cruzó la frontera desde México a los USA en 1962 y se ha hecho un lugar en el mercado yanqui a base de hacer reir en un medio que muchas veces es demasiado serio.

Habiendo hecho esta aclaración, continúo (no sin antes ofrecer a quienes no gustan de los cómics de humor y/o Aragonés la oportunidad de abandonar la lectura en este momento).

Aragonés comenzó su carrera en la revista MAD en 1963 y, hasta fines del año pasado, había contribuido en la friolera de 408 números. Lo cual ya es bastante decir de cualquier artista.

Pero su lugar definitivo en la historia del cómic se lo ganaría al crear al bárbaro más bárbaro de todos: Groo. Este personaje (inicialmente concebido como una sátira de Conan) debutó en las páginas de Destroyer Duck (un cómic editado en 1982 para ayudar a Steve Gerber, creador de Howard the Duck, a pagar los costos del millonario juicio que tenía contra la Marvel respecto de la propiedad intelectual del plumífero), en una historia de dos páginas, con apenas un bocadillo, en la que deja en clara su estupidez, y la escasa capacidad de Aragonés para recrear apropiadamente la figura humana. Lo suyo, claramente, son las caricaturas.

Rápidamente tuvo su propia revista en Pacific Comics (acompañado por Mark Evanier como co-conspirador, Stan Sakai a cargo de las letras y Tom Luth en los colores), y luego en Eclipse Comics. Y a poco andar, Marvel, para su sello Epic, comenzó a publicarlo. Claro que dejando en claro que el personaje era propiedad de Aragonés. En Epic alcanzó a publicar la friolera de 120 números mensuales y dos novelas gráficas (The Death of Groo y The Life of Groo), amén de varios tomos recopilatorios de cuatro números cada uno.

Con la explosión de las independientes en los ’90, Aragonés se llevó su criatura a Image, y finalmente recaló en Dark Horse, desde donde continúa publicando miniseries del bárbaro mononeuronal de vez en cuando Leer más…

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Superman & Bugs Bunny

Habiendo terminado de revisar las historias alternativas “oficiales” (léase Elseworlds) del azuloso, nuestra reunión de los días sábado se mantendrá, ahora para reseñar “otras” historias alternativas. Historias que pueden –o no- estar en la continuidad, pero de las que esta última no hace mucho caso. Historias extrañas, improbables, escritas antes de la invención de la etiqueta Elseworld, o bien humoradas.

Como siempre, todo comentario o consulta es bienvenido. Asimismo, dado que esta categorización es mucho menos rígida que la anterior, se reciben sugerencias respecto de los títulos a revisar. La única condición –como siempre- es que aparezca el último hijo de Krypton en sus páginas.

Para comenzar, visitaremos una de las historias más extrañas jamás publicadas: Superman & Bugs Bunny, que vió la luz en cuatro revistas aparecidas entre Julio y Octubre del 2000.

Bugs Bunny, también conocido en el mundo hispano como El Conejo de la Suerte, es un personaje animado creado en la década del 40 por un grupo de animadores entre los que se cuentan Ben Hardaway, Bob Clampett, Tex Avery, Bob McKimson (padre del entrañable Gallo Claudio), Chuck Jones y Friz Freleng. Con una larga carrera a cuestas, ha sido protagonista de innumerables cortos animados, programas de televisión, largometrajes, y detenta la envidiable posición de mascota corporativa de Warner Brothers. Ladino y astuto, el conejo se caracteriza por su viveza y su frase clásica “¿qué hay de nuevo, viejo?” Claro que en esta historia el viejo Bugs no está solo. Está acompañado de toda su tropa: los Looney Tunes. Leer más…