Para hablar de este cómic publicado el 2004, es necesario referirse a algunas leyendas vivientes de la cultura popular del siglo XX, desde la década del ’70 en adelante.
(Antes de seguir, y a modo de aviso, les cuento que Superman: True Brit es, extrañamente, un libro eminentemente humorístico).
Veamos: la primera leyenda se llama Monty Python. Este es un grupo británico (integrado por Graham Chapman, John Cleese, Terry Gilliam, Eric Idle, Terry Jones y Michael Palin) que sacó al aire en la BBC, entre 1969 y 1974, un show humorístico de culto, que es venerado hasta nuestros días. Los integrantes del grupo son frecuentemente citados como uno de los colectivos más influyentes en el mundo de la comedia, y cada uno por separado continuó desarrollando su carrera como actor, director, escritor, etc. (frecuentemente ejecutando varios de estos roles), tanto en la TV como en otros medios. The Life of Brian, una parodia de la vida de Jesús, es una de las obras más populares del grupo en el cine.
Quizás el más conocido del grupo en estas tierras sea Terry Gilliam, director de películas como Brazil y 12 Monkeys, y frecuentemente citado -hacia fines de los ’80- como el único director capaz de llevar Watchmen a la gran pantalla (ahora en las, esperemos, competentes manos de Zack ‘300’ Snynder).
Los escritores del cómic que hoy nos reúne están íntimamente relacionados con Monty Python.
Si bien John Clesse participa sólo como co-escritor (antes de su nombre el libro indica “con una pequeña ayuda de”), él es uno de los miembros fundadores de Monty Phyton, y una personalidad vigente en Hollywood hasta este momento. La última vez que lo vimos (bueno, escuchamos) en la pantalla grande fue como el padre-adoptivo-sapo de Shrek (en la versión en inglés, obviamente).
Por su parte Kim “Howard” Johnson, el escritor titular de este cómic, no formó parte del team inicial de los Phyton, pero se les unió casi como groupie, hasta convertirse en su biógrafo oficial y participar en diversos proyectos del grupo.
Pero un cómic, como sabemos, no se compone solamente del guión. También tiene dibujos.
Uno de los pocos dibujantes capaces de enfrentar el desafío de esta historia es John Byrne, en esta ocasión acompañado con las tintas de Mark Farmer las cuales, si cabe, mejoran sus lápices, puliéndolos, y afinando el ambiente según el tópico de cada viñeta, sea esta de acción o humorística.
Habiendo identificado a los culpables, pasemos a revisar el crimen:
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="" hspace=10 src="http://www.dailyplanet.cl/images/dp/elseworlds/monty_python.jpg" align=right vspace=10 border=0>En esta historia, la nave del bebé Kal El no cae en Smallville, Kansas, USA, sino que en Weston-super-Mare, Inglaterra (lugar de nacimiento real del co-escritor John Clesse), donde fue enviado –intencionalmente- por sus padres biológicos.
Ahí, es encontrado por los Clark, quienes también encuentran una suerte de casco que les entrega información sobre el muchachuelo y sus habilidades. Entendiendo mal el nombre Kal El, lo bautizan como Colin, Colin Clark.
Los Clark lo crían como un británico –supuestamente- típico. Flemático y de bajo perfil evitando, ante todo, la vergüenza, y viviendo según la máxima británica por excelencia: “¿qué van a decir los vecinos?”. Esto no evita que se presenten una serie de situaciones divertidas con cada nuevo poder que aparece en el joven Colin (incluyendo, pero no limitado a, quemar a mamá Clark al momento de descubrir su visión calorífica).
Dado que no puede usar ninguna de sus habilidades, al pobre adolescente no le queda otra que hacerse periodista (esto está citado textual del libro: no tengo ninguna intención de menospreciar a los periodistas como profesionales). En la Universidad conocerá a –quien otra- Louise Layne-Ferret (la cual, obviamente, es absolutamente distinta de nuestra familiar Lois Lane, quien también aparecerá más tarde).
Como es costumbre en los elseworlds, tiene que aparecer, necesariamente, otro superhéroe del panteón de la DC. En este caso, Bat-Man, cuyo origen está, en este caso, relacionado con Colin, más no con el clásico murciélago, sino con otro tipo de “bat”.
Ya titulado, Colin Clark no trabaja en el Daily Planet, sino que en el Daily Smear, cuyo jefe (Mr. Whyte-Badger) está más cerca de ser J. Jonah Jameson que de nuestro querido Perry White. Usando sus poderes para su beneficio personal, Colin comienza a “cazar” buenas noticias, granjeándose la apreciación de su patrón.
Con la inevitable referencia a The Beatles (en este caso llamados The Rutles), los poderes de Colin finalmente quedan al descubierto y, ataviado con una muy británica variación del conocido traje, emprende sus aventuras como Superman.
Ya famoso y reconocido por la sociedad británica, la corona lo llama para plantearle tres desafíos, tres “tareas imposibles” que le permitan demostrar su real valía: el primero, lograr que los trenes lleguen a la hora; el segundo, reducir la lista de espera en los hospitales para las cirugías de cadera; y el tercero, mejorar la calidad de programación de la BBC (menos mal que la historia no transcurre en Chile: acá las tareas imposibles serían arreglar el Transantiago, reducir las listas de espera en los hospitales y consultorios públicos, y mejorar la calidad de la programación de la TV local ¡si que serían tareas imposible!).
En total, 90 divertidas páginas en la que los autores nos invitan a reírnos de los estereotipos clásicos británicos, criticando especialmente el periodismo sensacionalista (lo cual, también, es aplicable localmente) que más que informar crea noticias que no son tales con el único objetivo de vender más diaros.
Pero, quizás, la crítica más dura a la sociedad británica es el final de la historia. En este caso, Superman decide dejar Inglaterra, para irse a… los USA (lo que es un fenómeno muy frecuente en el mundo de los cómics: varios buenos escritores británicos han emigrado al nuevo mundo, como por ejemplo Grant Morrison y Garth Ennis).
Notas relacionadas:




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